«Turismo Sexual en el Caribe»

Jacqueline Sánchez Taylor

Editado y traducido de "Sex Tourism in the Caribbean", Jacqueline Sánchez Taylor: University of Leicester. Capítulo 'Turismo, Viajes y Sexo'. Eds. Stephen Clift and Simon Carter (1999), Cassell.

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Segunda Parte

Habiendo realizado investigación por medio de entrevistas con trabajadores sexuales masculinos en Cuba, la República Dominicana y Venezuela, en Agosto de 1997, hice una investigación preliminar sobre el turismo sexual femenino en Negril, Jamaica. Se hicieron entrevistas semi-estructuradas a 45 individuos involucrados en la industria sexual informal y a turistas sexuales femeninos. También se recopilaron datos de un cuestionario administrado a una muestra oportunística de 86 turistas.

Chica en la playa

El estudio encontró que casi la mitad de las mujeres solteras habían tenido una, o más, relación sexual con hombres jamaicanos mientras se encontraban de vacaciones. Aunque no fue una muestra al azar, y por eso no se puede hacer generalizaciones, se podría concluir que algunas mujeres viajan por sexo de manera similar a lo que hacen algunos hombres. Aún más, aparenta que las turistas sexuales femeninas son muy similares a los turistas sexuales masculinos en cuanto a sus actitudes y motivaciones, y las narrativas que usan para justificar sus comportamientos. Al igual que el turismo sexual masculino se podría entender como un intento para confirmar una identidad dada en términos raciales y de género; también el turismo sexual femenino parece reflejar una preocupación por invertir y restaurar un órden particular y para asegurar su propia posición y poder dentro de ese órden.

Tradicionalmente, las mujeres han usado el viajar como forma de masculinizar sus identidades en lugar de una manera de confirmar su feminidad. En la actualidad, algunas turistas sexuales femeninas están viajando para penetrar los dominios masculinos tradicionales, reclamando poderes masculinos tradicionales para reafirmar su feminidad. Es importante para muchas turistas sexuales femeninas confirmar su sentido de 'ser mujer' siendo deseada sexualmente por hombres. Las mujeres que se sienten rechazadas en Occidente por ser 'tipo regordeta y mayores, sabes, de 35, pero sus caras, parecen de 40', encuentran que en Jamaica todo ésto se invierte. Aquí son acosadas y 'enamoradas', con dulce hablar y 'amadas' por hombres y de nuevo vuelven a encontrar que existen como objetos sexuales. El turismo sexual permite que algunas mujeres occidentales sexualicen sus cuerpos de maneras que serían difícil de lograr en sus países y ser deseadas por hombres altamente deseables.

Cuando se le pidió en el cuestionario que describieran sus 'amigos', la mayoría de los turistas sexuales femeninos enfatizaron que para ellas los hombres negros jamaicanos poseían cuerpos de gran valor sexual. Una mujer describió a su amante como 'dulce, amistoso, con un cuerpo magnífico', y otra como 'Elegante, físicamente en forma, de 27 años, honesto, orgulloso, serio, hombre de familia, amante excelente'. Los cuerpos negros se convierte en mercancías que permiten que pudientes mujeres occidentales (tanto negras como blancas) experimenten una forma alternativa de poder encarnado. En este caso, ellas se dejan controlar por masculinidades que son 'negra', 'hipersexual' y 'peligroso'. Este tipo de turista sexual femenino no desea establecer una relación amorosa con un hombre de Jamaica y llevarlo de regreso para que conozca a sus padres ni tampoco se enfrenta al racismo en su país. Estas mujeres más bién aceptan la noción de una jerarquía racial y aprecian su posición en ella. Los destinos turísticos se vuelven un ambiente seguro dentro del cual las turistas sexuales femeninas pueden ejercer control sobre una masculindad que es imaginada estereotípicamente como agresiva y violenta.

Aún mujeres occidentales que cumplen con los ideales occidentales de belleza participan en el turismo sexual debido a que ellas pueden usar su mayor poder económico y/o identidades racializadas para ejercer control sobre las relaciones que establecen con hombres jamaicanos. Un hombre jamaicano, de entre 20 y 29 años, que vendía giras de viajes en bote y que también se aproximaba a las mujeres turistas por 'amistad', me dijo de una relación que tuvo con una mujer divorciada americana blanca, atractiva y mayor (en sus 40): "Bien, de entrada me dice que tenía tres hijos y que no deseaba involucrarse. Podíamos hacer esto, podíamos hacer aquello. Ella no desaba una relación personal. Un día dejarás de saber mí, las cosas pasan, debes tomarlo así porque no es una relación a largo plazo, tu sabes."

Tal control significa que estas mujeres pueden limitar el riesgo de ser rechazadas o humilladas. Como una mujer relató sobre el final de una de tales relaciones "Obtuve más de él que lo que consiguió de mí." Ellas también transgreden las fronteras sexuales, de género, de raza y de edad. Mientras que en su lugar serían estigmatizadas por tener relaciones legítimas o casuales con hombres negros, más jóvenes, 'mujeriegos' o por tener muchos compañeros sexuales, en los lugares vacacionales como Negril se les permite 'consumir' el hombre negro, el jóven, el 'playboy' o tantos hombres como deseen al tiempo que mantienen su honor y reputación en casa. Su sentido de superioridad racial en los países caribeños, junto con su poder económico, también las pone al nivel de los hombres blancos y, por una vez, ellas pueden experimentar sentir más poder que un hombre.

A un nivel teórico, la característica más interesante del turismo sexual es como el involucramiento de los locales reposa en usar su 'negritud' como parte de un producto que están vendiendo. Junto con los servicios reales, sean servir como guía, vendedor de frutas, artista o gígolo/prostituta, ellos están vendiendo parte de su propia personalidad. Mientras permanezca aceptable usar la 'diferencia' como el único factor de venta del Caribe, la industria turística continuará suministrando un marco donde se permite (e incluso promueve) el turismo sexual. Esto a su vez sirve para afianzar no solamente las desigualdades entre Occidente y los países en desarrollo, sino que también las mismas formas de racismo y sexismo que estructuran modelos de exclusión y explotación.

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