Volcán   Notas breves

El polvo puede disminuir la furia de los huracanes

10 de octubre de 2006

Imágen satelital
Imágen tomada el 4 de septiembre de 2005 por el satélite Terra de NASA, donde se distingue una masiva tormenta de arena (en amarillo) saliendo de la costa occidental de África sobre el Océano Atlántico.

Después de que más de una docena de huracanes batieran el Océano Atlántico en 2005, los científicos se preguntan si algo podría estar produciendo tormentas más fuertes y frecuentes. Una nueva teoría se suma ahora a las que vienen siendo barajadas.

Como causa de ese pico inusual de violencia ciclónica, algunos han apuntado a las crecientes temperaturas marítimas, provocadas por el calentamiento global. Otros creen que la curva ascendente es parte simplemente de un ciclo natural en el que los huracanes cobran mayor uerza durante una década o dos, antes de debilitar nuevamente su actividad.

Ahora, unos investigadores han propuesto una intrigante teoría que introduce toda una nueva dimensión en el debate.

Estos científicos han desvelado una conexión sorprendente entre la frecuencia de los huracanes del Atlántico y las espesas nubes de polvo que periódicamente se levantan del Desierto del Sahara y viajan mar adentro desde de las costas occidentales de África.

El autor principal, Amato Evan, investigador del Instituto Cooperativo de Estudios Meteorológicos por Satélite, de la Universidad de Wisconsin-Madison, estudió más de 25 años de datos reunidos por satélites, desde 1981 a 2006, y notó la correlación. Halló que durante los períodos de intensa actividad ciclónica, el polvo era relativamente escaso en la atmósfera. Por otro lado, en los años en que se levantaban tormentas de polvo más fuertes, menos huracanes barrían el Atlántico.

"Estos resultados son importantes porque muestran que los cambios a largo plazo en los huracanes pueden relacionarse con muchos factores diferentes", destaca Jonathan Foley, director del Centro para la Sostenibilidad y el Medio Ambiente Global, de la citada universidad, y coautor del trabajo. "Muchos estudios se han concentrado en las relaciones de los huracanes con el calentamiento oceánico, en tanto que esta investigación agrega un elemento nuevo al enigma".

Si los científicos demuestran concluyentemente que el polvo ayuda a mitigar los huracanes, los responsables de los pronósticos del tiempo podrían algún día empezar a rastrear el polvo atmosférico y tomarlo en cuenta por primera vez en sus predicciones.

Los científicos dedican cada vez más atención al impacto medioambiental del polvo, después de haberse constatado que, en algunos años, muchos millones de toneladas de arena se levantan del Desierto de Sahara y cruzan flotando el Océano Atlántico, a veces en tan sólo cinco días.

Los autores del nuevo estudio sostienen que las capas de aire polvoriento probablemente ayudan a reducir la actividad de los huracanes en formación, ya que éstos necesitan calor y humedad para alimentarse. Ese efecto podría también significar que esas tormentas de polvo poseen el potencial para cambiar la dirección de un huracán.

Si bien el trabajo de la Universidad de Wisconsin-Madison no confirma que ese polvo influya directamente en los huracanes, sí proporciona una importante evidencia de que ambos fenómenos están relacionados de alguna manera. "No sabemos si el polvo afecta directamente a los huracanes, o si ambos (el polvo y los huracanes) responden a los mismos cambios atmosféricos globales del Atlántico tropical".

Jason Dunion de la División de Investigaciones de los Huracanes en la NOAA, también contribuyó al estudio.

Información adicional en: Universidad de Wisconsin-Madison

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