Poesía Dominicana

Gastón Fernando Deligne

Esbozo típico
(Medio a lo Quevedo)

Velando están a las doce
a quien velaba al de a prima,
y andan bebiendo en la muerte
de quien los vientos bebía.

Corre el velorio, rumboso:
marcha la fiesta, rompida;
de aquel para quien fue fiesta
cada sol que amanecía.

A la testa, la Altagracia;
el cirio sobre una silla;
sobre la cama, el jayán
y encima de él, cuatro heridas.

Por aquí salió, hecha sangre
y mosto, su brava vida;
no el alma, que no la tuvo
quien desalmado vivía.

Por excusar tal olvido,
y también porque no diga
la gente, prestó un vecino
a más de zapato, almilla:

quién busca unos pantalones;
quién regala una camisa,
quién allega al burdo catre
sábana al fin, si no limpia.

Y de esta guisa vestido,
casi decente en tal guisa,
estáse en la cama el muerto,
y alrededor la pandilla.

¿Le lloran?... ¡claro que sí!
pero son las obras pías
llamadas casas de juego
por el vulgo y la justicia;

los malos bailes le llaman
a las pasadas vigilias;
le gritan los alambiques,
del palo por las palizas.

De él se duele el contrabando
por las cápsulas que cría,
que más de éstas le vendió
que otras venden las boticas.

Está de gala el silencio;
y el escándalo de grima
se calla, porque acabó
quien del brazo le traía.

-¡Pues se llenó el medio almud!
dice, en voz enternecida,
de aguardiente y del velorio
(ya de pestañas caídas).

-¡Pues se llenó el medio almud!
dice el Bobo (y es malicia
que así le llamen), ni Dios
puede volverle a la vida!

Soñaba con ser Ministro;
¡logrado tal vez lo habría!
|Y hasta más!... que de buen taco
fue entre los natas, natilla.

Pero no alcanzando a tal,
mas ni a cosa de hacer sisa,
¡véndase lo que tuviere,
para su entierro y su misa!

Y vienen al inventario
que al instante se improvisa,
amén de otros varios chismes
de menos prez y valía;

los dos revólveres, que son
dos trozos de Historia antigua;
páginas de cien combates,
testigos de mil heridas;

el machete, sempiterno
aprendiz de Geometría;
pero en trozos de tangentes,
de consumada pericia;

el cuchillo, que es de Collins
y de ello por ser, sería
que fue en vida del difunto
de puñaladas colina;

luego el garrote, de un dicho
parodia, más negativa;
pues se sacó sin razón
y se guardó con falsía;

y el estoque, que por arma
como aleve conocida,
hizo de aleve asador
de las hurtadas gallinas.

¡Válgame Dios! Lo que pudo
el uso en tales reliquias,
¡que al entierro de su dueño
no ayudan, mas ni a su misa!

Desechadas por no buenas,
y de los autos en vista,
y resumiendo el debate,
así habló el Bobo y se explica:

-Pues no se halla el hospital
a ningunas doce millas,
¡quien a tantos puso en cama
vaya señor en camilla!

Y mientras los unos roncan,
y los despiertos desfilan,
allá se acaba el velorio;
y el romance aquí termina!

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