Poesía Dominicana
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Tomás Hernández Franco
Tomás Hernández Franco

Tomás Hernández Franco. Poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático. De temperamento bohemio y espíritu aventurero, nació en Tamboril (llamado en ese entonces Peña) en la provincia de Santiago, el 29 de abril de 1904. Fueron sus padres Rafael Hernández Almánzar y Dolores Franco Bidó.

Cursó los estudios básicos en su pueblo natal y en Santiago, siendo sus maestros el venezolano Adán Aguilar, residente en Tamboril, y Rosaura Hernández. En esta época de estudiante escribe su primer libro: Rezos bohemios, y se traslada a La Vega como redactor del diario El Progreso

Entonces viaja, en 1921, a Europa a estudiar Derecho en París, Francia, estudios que abandonó para dedicarse por completo al estudio y cultivo de las letras. Residió en Francia hasta 1929, año en que tuvo que regresar al país con motivo de la muerte de su madre.

Partiendo de Rezos bohemios hasta los fragmentos publicados póstumamente en los Cuadernos Dominicanos de Cultura, la evolución poética de Tomás Hernández Franco se nos presenta titubeante, como moldeada por los azares de su propia vida aventurera. Recorre todas las tendencias desde la netamente romántica, influido por poetas tan disímiles como Geraldy y Baudelaire, haciendo suyas, después, sin transición, las técnicas dadaístas y surrealistas que ya se habían adueñado del París de sus años de estudiante. Fruto de tales inquietudes son los libros perdidos, «El boxeador idílico», y «10 x 10», de los que superviven «Poema del feto» y «Poema de chewing‑gum».

También escribió en París su libro en prosa publicado con ilustraciones de Jaime Colson: El hombre que había perdido su eje.

Después de su regreso a Santo Domingo, siente el deslumbramiento de la escuela española y produce canciones bajo el signo de Alberti y de Lorca. Esta etapa constituye una evidente superación en cuanto a elaboración técnica. Sale de tales influencias acicateado otra vez por el afan de originalidad, volviendo sus ojos hacia una nueva vanguardia.

Al calor de las inquietudes que la Poesía Sorprendida pone a circular en nuestro ambiente, él nos da su aporte de mayor envergadura, produciendo lo que se considera su poema más original y perfecto: Yelidá, cumbre solitaria de una poética a la cual no vuelve a tener acceso.

En este extenso y vigoroso poema resuenan de manera inconfundible las impresiones dejadas en su ánimo ‑confesadas por él a sus amigos‑, que le llegan de la «Elegía por la muerte de Tomás Sandoval» de Franklin Mieses Burgos, y de un cuento de Vigil Díaz, no recogido en sus libros, en el que un noruego llegado a la ciudad de Santo Domingo, se pierde en la noche tras el rastro de los tambores que le llega de allende el Ozama. De la elegía de Mieses Burgos parece extraer el colorido verbalista, siendo el cuento de Vigil Díaz el que le ofrece la configuración del personaje en la imagen de ese noruego que se entrega al llamado atávico de los tambores.

Sus conocimientos del voudu y de la mitología escandinava completan el material con el que Hernández Franco estructura su poema, cargándolo con las misteriosas connotaciones de dos culturas opuestas, e ilustrando así el perenne conflicto emotivo en que viven los pueblos de América en su fusión y entrecruzamiento de razas. Es aquí donde «Yelidá» alcanza visos de epopeya y logra significación dentro de la poesía americana.

Fue en El Salvador, mientras desempeñaba un cargo diplomático, donde el 18 de diciembre de 1942 publicó Yelidá en Ediciones Sargazo, en una edición privada de 100 ejemplares numerados realizada en los Talleres Gráficos Cisneros. Allí publicó también la conferencia Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en las Antillas.

Su labor periodística se inicia antes de los 15 años en el diario La Información, órgano en el que aparte de redactor, tanto en Santiago como en París, llegó a compartir su dirección con los entonces escritores Rafael César Tolentino y Joaquín Balaguer.

Tan pronto regresó de Europa desarrolló una intensa campaña de prensa desde la tribuna del periódico La Información contra el gobierno de Horació Vásquez y se integró de manera militante al movimiento cívico del 23 de febrero de 1930 que puso fin al ejercicio presidencia de Vásquez. Partidario del ascenso de Trujillo, escribió poco después su primer ensayo importante: "La más bella Revolución de América", para referirse a la toma del poder por Trujillo. Ocupó importantes cargos públicos durante ese régimen.

En Cibao, un libro publicado en 1951 y muy elogiado por la crítica, se recogen algunos de sus mejores cuentos, com El asalto de los generales y Anselma y Malena.

Murió en la ciudad de Santo Domingo el día 1 de septiembre de 1952.

Obras

Rezos bohemios (1920), Capitulario (1921), De amor, inquietud y cansancio (1923), La poesía en República Dominicana (edición en francés en 1923), El hombre que había perdido su eje (1926), La más bella revolución de América (1930), La fuerza espiritual de un pequeño país (1931), Canciones del litoral alegre (1936), Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en las Antillas (1942), Yelidá (1942), Cibao (1951), Poemas de mi otro yo (1960), Obras literarias completas (Estudios, notas y compilación de José Enrique García) (2000).

Poemas
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