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9 de abril de 2007

Una ola verde para el Mar de Aral

Un pescador y su barco encallado en la arena de lo que fue el Mar de Aral La población de Kazajstán y Uzbekistán sufren la agonía del mar.

El Banco Mundial concedió un préstamo de US$126 millones al gobierno de Kazajstán destinado a implementar la segunda etapa del proyecto para salvar la región norte del Mar de Aral.

Se trata de un ambicioso plan para revertir lo que, según Naciones Unidas, es uno de los peores desastres ecológicos producidos por el hombre.

Los trabajos harán que el agua pueda volver al menos a una porción del que alguna vez fuera considerado el cuarto mar interior del planeta.

La triste historia del Aral tiene ya varias décadas y comenzó cuando la Unión Soviética decidió desviar los cauces de los dos ríos principales que lo alimentaban para desarrollar cultivos de regadío en zonas desérticas de Asia Central.

El agua se fue, el mar se encogió y el desierto se extendió cambiando el clima, destruyendo la economía, el ecosistema y forzando a miles de personas a abondonar el área.

Hacia la década del 90, sólo quedaba una cuarta parte de lo que fuera un mar de 68,000 kilómetros cuadrados y con un volumen de 1,100 kilómetros cúbicos.

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Costa del Mar de Aral El desvío de los ríos durante la era soviética originó el desastre.

Un crédito del Banco Mundial de US$68 millones, permitió a Kazajstán construir una presa (el dique Kokaral), separando las dos mitades del Mar de Aral a fin de elevar el nivel del agua en la porción original y reducir los niveles de salinidad.

No solucionó completamente el problema, pero según las autoridades kazajas, se logró recuperar el 40% del mar, aunque en la región sur que colinda con Uzbekistán se sostiene que todavía sigue reduciéndose.

El nuevo préstamo de US$126 millones permitirá construir una segunda presa, con la esperanza de que el puerto de Heralsk, hoy sólo un desierto de arena, pueda volver a hacer honor a su nombre.

Mientras tanto, las comunidades de la región ya están comenzando a sentir el impacto de los cambios climáticos que está generando el plan.

Varios pescadores han regresado junto con las nubes y la lluvia, pero por sobre todo una sensación en los pobladores de que el futuro no luce tan desierto de esperanzas.

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