Educación Ambiental - notas breves
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2 de octubre de 2006

La pérdida de ozono alcanza un nuevo récord en 2006

La pérdida de ozono sobre la Antártida alcanzó un nuevo récord en 2006, según anunciaron a principios de octubre pasado científicos de la Agencia Espacial Europea (AEE).

La pérdida fue causada por temperaturas inusualmente bajas encima de la Antártida, dijeron los investigadores, y ayudó a que el agujero en la capa de ozono llegara a tener un tamaño próximo al récord.

"Tan significativa pérdida de ozono requiere temperaturas muy bajas en la estratosfera combinadas con luz solar," dijo Claus Zehner, ingeniero atmosférico de AEE. "La pérdida extrema de ozono durante este año puede explicarse porque las temperaturas encima de la Antártida alcanzaron los valores más bajos registrados en el área desde 1979."

Las mediciones hechas por el satélite Envisat de la AEE revelaron que la pérdida de ozono sobre la Antártida totalizó 40 millones de toneladas métricas, sobrepasando la pérdida récord de 39 millones de toneladas registrada en 2000.

La pérdida es calculada midiendo el área y la profundida del agujero de ozono.

A finales de septiembre pasado, la Organización Meteorológica Mundial informó que el tamaño del agujero de ozono se expandiría en el 2006 hasta alcanzar 28 millones de kilómetros cuadrados - casi tan grande como la extensión récord del agujero de ozono durante el 2000.

Antártida (foto de Michael Succow)

Los científicos de la AEE informan que este año el agujero de ozono tiene una profundida que rivaliza con el regristro récord encontrado en 1998.

Satélites europeos están midiendo los
cambios en el ozono sobre la Antártida.
(Foto de Agencia Espacial Europea)

El ozono forma una capa protectora a unos 24 kilómetros por encima de la superficie que protege al planeta de los dañinos rayos ultravioletas. Se ha reducido principalmente debido a las emisiones humanas de clorofluorocarburos (CFCs) muy usado anteriormente como refrigerante, impulsor y como solventes para limpieza.

Los CFCs en sí son inerte pero la radiación ultravioleta en la alta atmósfera los descompone en sus partes constituyentes - como el cloro - que pueden ser altamente reativos con el ozono.

Científicos reconocieron oficialmente por primera vez la capa de ozono en 1985 - durante la última década el nivel de ozono ha disminuido en un 3 por ciento por año a escala global, aumentando el riesgo de cáncer de la piel, cataractas y daños a la vida marina. Esta disminución ocurre típicamente durante la primavera en la Antártida, de septiembre hasta principios de diciembre.

Durante el invierno, la masa atmosférica por encima del continente de la Antártida está típicamente aislada de intercambios con el aire de altitudes medias debido a los vientos prevalecientes conocidos como el vórtice polar, lo que lleva a temperaturas muy bajas. Además, durante la fría y contínua oscuridad de esta estación, se forman nubes polares estratosféricas que contienen cloro.

A medida que llega la primavera, la combinación de la luz solar que reaparece y la presencia de nubes polares estratosféricas lleva a la descomposición de los compuestos de cloro en radicales altamente reactivos con el ozono los cuales descomponen al ozono en moléculas individuales de oxígeno.

La pérdida de ozono durante este período es rápida - una simple molécula de cloro tiene el potencial de descomponer miles de moléculas de ozono.

En noviembre o principios de diciembre, se debilitan los vientos que rodean al Polo Sur, mezclando el aire pobre en ozono con el rico en ozono, y el agujero se reduce.

A pesar del hallazgo de que la pérdida de este año alcanzó un nivel récord, las esperanzas a largo plazo para el agujero de ozono son muy buenas. Los científicos predicen que la completa implementación del Protocolo de Montreal de 1987, que prohibe los CFCs y otros productos químicos que reducen el ozono, debe permitir la recuperación de la capa de ozono para 2060.

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