Profundo en la corteza oceánica de la Tierra, los científicos han encontrado bacterias que pueden consumir hidrocarburos y gas natural, y tienen el potencial genético para almacenar carbono.
Los niveles crecientes de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero cuando se encuentra en la atmósfera, también elevan los niveles de dióxido de carbono en los océanos, haciendo que el agua marina sea demasiado ácido para mantener arrecifes coralinos saludables.
Los hallazgos por investigadores de la Universidad Estatal de Oregon ('Oregon State University' - OSU) revelan un posible papel para la corteza del océano profundo en el almacenamiento y fijación del dióxido de carbono por medio de bombeo de dióxido de carbono en las profundas capas submarinas donde podría quedar secuestrado permanentemente.
"Este es un nuevo ecosistema que casi nadie había explorado alguna vez", dijo Martin Fisk, profesor en la Escuela de Ciencias Oceánicas y Atmosféricas de la Universidad Estatal de Oregon. "Esperábamos algunas formas bacterianas, pero es sorprendente la larga lista de funciones biológicas que suceden en las profundidades de la Tierra".
Los procesos microbianos en este expansivo ambiente debajo del fondo del mar "tienen el potencial de influir significativamente en la biogeoquímica del océano y de la atmósfera", escribieron los investigadores en su informe.
La corteza oceánica cubre alrededor del 70 por ciento de la superficie de la Tierra y su geología ha sido explorada pero prácticamente nada se sabe sobre su biología. La exploración es difícil y cara, y la mayoría de los investigadores han asumido que poco estaba sucediendo bajo tales condiciones extremas de presión y con temperaturas próximas al punto de ebullición del agua.

Pero en un lugar en el Océano Atlántico cerca de una montaña submarina, el Maciso Atlantis, científicos de la Universidad Estatal de Oregon perforaron más de 1400 metros en la roca que era tanto muy profunda como muy antigua, y encontraron una gama amplia de actividad biológica.
Los microbios estaban degradando hidrocarburos y algunos aparentemente eran capaces de oxidar el metano, y habían genes activos en el proceso de fijar, o convertir a partir de gas, tanto nitrógeno como carbono.
La temperatura de los sedimentos y la roca aumenta con la profundidad, y los científicos ahora piensan que la máxima temperatura en la cual puede existir vida es de alrededor de 121 grados Celsius.
El fondo del océano generalmente está formado por tres niveles - una capa superficial de sedimentos; basalto formado de magma solidificado; y un nivel aún más profundo de basalto que se enfría más lentamente y que es llamado como la capa gabro, que forma la mayoría de la corteza oceánica.
La capa gabro empieza bajo una gruesa capa de corteza de 3.2 kilómetros. Pero en el Maciso Atlantis, se obtuvieron muestras de las formaciones rocosas del gabro que estaban más próximas a la superficie que lo usual debido ha que se había levantado y expuesto debido a fallamientos. Esto permitió que los investigadores investigaran por primera vez la microbiología de estas rocas.
Su estudio de la primera exploración de la actividad biológica en las más profundas capas de la corteza oceánica fue publicado en noviembre de 2010 en la revista "PLoS One".
Los investigadores también hicieron notar que el metano encontrado en Marte podría derivar de fuentes geológicas, y concluyeron que los ambientes subsuperficiales de Marte donde se produce el metano podría mantener bacterias como las encontradas en este estudio.
"Estos hallazgos no ofrecen alguna solución fácil o simple para algunos de los asuntos ambientales que nos interesan en la Tierra, tales como el calentamiento por el efecto invernadero o la contaminación por vertido de petróleo", dijo Fisk. "Sin embargo, ellos sí indican que hay todo un mundo de actividad biológica en las profundidades debajo del océano del cual no sabemos mucho, y necesitamos estudiarlo".
La investigación fue apoyada por la Fundación Nacional de Ciencias, el Departamento de Energía de Estados Unidos, la Fundación Gordon y Betty Moore y el Programa Integrado de Perforaciones Oceánicas.
Los colaboradores eran de OSU, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkely, Universidad Tohoku en Japón, Universidad de Bremen en Alemania, la Universidad de Oklahoma, y el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada en Japón.
Autor de las páginas: José E. Marcano