La Cultura Taína
(Siglos XII-XVI d.C.)

Primera Parte

Cemí Cemí (detalle)
Cemí Opiyelguobirán: "El cual dicen que tiene cuatro pies, como de perro, y es de madera, y que muchas veces por la noche salía de casa y se iba a la selva." (Fray Ramón Pané)

Los taínos desarrollaron una cultura basada fundamentalmente en la producción agrícola que les permitió incrementar una apreciable actividad artesanal de objetos utilitarios, tales como vasijas y otros recipientes de barro y de madera, hachas de piedra bien pulimentadas, objetos de cestería de fibras vegetales y tejidos de algodón que eran decorados con tintes extraídos de la jagua (Genipa americana) y de la bija (Bixa orellana), con los cuales, también se pintaban sus cuerpos en ocasiones especiales.

Además, los taínos fueron excelentes escultores que confeccionaron artefactos ceremoniales de gran expresión artística como los duhos o asientos ceremoniales, los ídolos o cemíes, los instrumentos para el ritual de la cohoba y los aros monolíticos.

Cemí
Deminán Caracaracol
Cemí taíno

El cemí (también zemí o zeme), cuya figura, esculpida en diversos materiales y tamaños, podía actuar a voluntad influyendo de manera decisiva en el normal desarrollo de la vida humana y del medio natural: podía cohabitar con los hombres e incluso reproducirse a través de ellos. El cemí era el cuerpo vivo del dios, del ente mítico, del antepasado deificado. De la maestría con que se le tallase y de la capacidad para lograr reflejar el carácter del ser dependía en gran medida la efectividad emotiva que lo vincularía a los creyentes y el adecuado desempeño de sus prerrogativas espirituales.

La recolección de algunos frutos silvestres, la pesca y la caza marginal complementaban la alimentación del pueblo taíno, empleando en tales ctividades instrumentos y técnicas que, junto al uso práctico y medicinal dado a ciertas plantas, denotan su profundo conocimiento del medio ambiente natural.

Al momento de la llegada de los europeos, los taínos habitaban gran parte de las islas Española y Puerto Rico, al igual que el Oriente de Cuba y parte de Jamaica.

Aunque algo bajos de estatura, los indios taínos eran de cuerpos bien formados y piel color cobriza. Fueron gentes lampiñas, de cara ancha, con pómulos muy pronunciados, labios un poco gruesos y de muy buena dentadura.

Tenían el pelo negro, grueso y muy lacio, cortándoselo por encima de las cejas y también atrás, a diferencia de los macorixes y ciguayos quienes llevaban el pelo largo atándoselo atrás con una redecilla a la que insertaban plumas de "papagayos" (Temnotrogon roseigaster) y cotorras (Amazona ventralis).

Los indios macorixes y ciguayos habitaron en la zona nororiental de la isla de Santo Domingo, ocupando la península de Samaná y tierras aledañas. Se caracterizaban por ser muy belicosos y diferir lingüísticamente de los taínos.

Los taínos siempre andaban desnudos, llevando solamente en sus brazos y piernas unas ligas o fajas de hilos de algodón, aunque algunas mujeres casadas utilizaban unas faldillas, tejidas también en algodón, denominadas naguas.

Existió entre ellos la costumbre de practicarles a los niños la deformación artificial del cráneo, sujetándoles con bandas de algodón dos tablillas de palma, una en el frontal y otra en el occipital, con lo cual lograban que la frente luciera más ancha. Se perforaban el lóbulo inferior de las orejas con la finalidad de lucir en ellas pasadores decorativos u orejeras, llamadas en su lengua taguaguas.

Potiza
Potiza acorazonada

Su organización social, política y religiosa fue la más evolucionada entre los grupos indígenas de las Antillas. Su máxima unidad territorial era el "cacicazgo" que agrupaba determinadas aldeas o "yucayeques", los cuales estaban dirigidos por los "caciques", que ascendían a estas posiciones por la vía matrilineal hereditaria o la realización de un hecho extraordinario.

El cacique se distinguía por el guanín o disco de oro que colgaba sobre su pecho, y por el uso de cinturones hechos de algodón trenzados con cuentecillas de pedrería y conchas, al igual que cintas para lucir en la cabeza, insertándoles a ambos una guaiza o pequeña carátula central.

Cuando el cacique emprendía un viaje distante de la aldea, sus súbditos le transportaban sobre una litera de madera y paja, mientras que sus hijos, cuando niños, les seguían cargados en hombros cerca de él.

Los caciques eran asistidos por unos personajes de elevada jerarquía, llamados nitaínos, siendo los naborias, de menor grado social, sobre quienes recaían faenas agrícolas y otros trabajos y servicios.

El behique o médico hechicero de la tribu fue otro personaje de importancia en la sociedad taína, por tener un vasto conocimiento de la farmacopea primitiva y velar por la curación de los enfermos mediante prácticas mágico-medicinales, interviniendo, también, en la confección de los ídolos de la cohoba y otros objetos rituales.

Actividades productivas

Los taínos llamaban conuco al lugar destinado a los sembradíos, empleando como técnicas agrícolas la siembra en montículos y el sistema de roza o tala y quema del bosque. En los montículos o montones, formados por túmulos circulares de tierra suelta, se desarrollan mejor las raíces tuberosas como la yuca (Manihot esculenta) y los ajes y las batatas (Ipomoea batatas), mientras que el sistema de roza fue utilizado, principalmente, para la siembra de maíz (Zea mays), el cual plantaban en época de luna llena al creer que así se garantizaban el crecimiento de la planta.

Los taínos aprovecharon, igualmente, los ciclos de lluvia para dar inicio a sus siembras y en la fase final de su evolución ya empeaban ciertos tipos de regadíos o acequias donde eran necesarios por la aridez de la tierra.

Sus instrumentos agrícolas fueron las hachas de piedra y la coa o pullón, especie de bastón de madera para cavar, cuya punta era previamente endurecida por el fuego.

Con la fricción de ciertas leñas los taínos obtenían el fuego, con el que cocinaban muchos de sus alimentos, cocían la cerámica y derribaban grandes árboles para preparar sus sembradíos o conucos y confeccionar las canoas.

Cuando caminaban o pescaban por la noche se alumbraban con hachos o trozos de madera resinosa como la cuaba o pino (Pinus occidentalis) y el goaconax o guaconejo (Amiris spp.).

Las hachas de piedra, al igual que los raspadores de concha, fueron artefactos de trabajo muy empleados por los taínos, principalmente para hacer sus múltiples objetos de madera.

Las hachas más típicas en la cultura taína son las petaloides, nombre dado por semejarse a pétalos de flores, pero hubieron otros tipos de hachas, como las hachas de cuello y los buriles, siendo algunas de ellas de uso manual, mientras que las de mayor tamaño se ataban al extremo de un mazo de madera.

Para la fabricación de sus hachas los indígenas seleccionaron rocas de gran consistencia y, por lo general, la superficie del instrumento presenta un reluciente pulimento.

El principal cultivo de los taínos era la yuca (Manihot esculenta) que rallaban o "guayaban" obteniendo una masa de la cual elaboraban el cazabí o cazabe (en la actualidad, casabe), especie de pan seco o torta que, previamente, tostaban sobre un burén y constituía su alimento básico.

El maíz (Zea mays) fue otro ingrediente importante en su dienta. Lo cosechaban dos veces al año y lo comían crudo, cuando tierno, y asado, cuando más seco o maduro. También lo rallaban o trituraban para hacer con agua cierto potaje.

Otros cultivos complementarios fueron la batata (Ipomoea batatas), y el aje (posible variedad de batata) que asaban entre las brasas, además de la yahutía (Colocasia esculenta), la guáyiga (Zamia debilis), el lerén (Calathea allouia), el maní (Arachis hypogea), el tabaco (Nicotiana tabacum), algunas especies de ají (Capsicum spp.) y frutas como la piña o ananá (Ananas comosus).

Otras muchas frutas, entre ellas el mamey (Mammea americana), la guanábana (Annona muricata), la lechosa o papaya (Carica papaya), el mamón o corazón (Annona reticulata), la guayaba (Psidium guajava), el caimito (Chrysophyllum cainito), el icaco o hicaco (Chrysobalanus icaco) y la pitahaya (Hylocereus undatus) eran recolectadas en estado silvestre.

La caza

Para la caza de las aves y otros animales, tales como quemíes, curíes, hutías, iguanas, caimanes, etc. utilizaron, al igual que para la pesa, el arco y la flecha, en cuyo uso eran muy diestros los indios, además de las lancetas arrojadas con propulsores y numerosas formas de trampas.

En el caso de las hutías y demás roedores, acostumbraban incendiar las sabanas, acorralando a los animales, para cazarlos en un lugar indicado o simplemente recogerlos quemados trás el incendio.

En el terminal de sus lanzas o flechas insertaban, en algunas ocasiones, una punta afilada hecha de la espina que tiene en la cola el pez raya o una astilla de hueso de manatí (Manatus sp.) mientras que en otras colocaban puntas extraídas de la resistente madera del copey (Clusia rosea).

Los taínos no tuvieron animales domésticos, a excepción del pequeño perro "mudo" o aon, cuya carne consumían, y las higuacas o cotorras (Amazona ventralis) a las que enseñaban a hablar. Asimismo, se emplearon corrales de estacas en los mares y ríos para el cautiverio de especies acuáticas y jaulas para las aves.

La pesca

La pesca fue una práctica común de los taínos, motivo para que sus poblados se formaran preferentemente a orillas del mar y de los ríos y sus esteros donde abundaban los manglares. Esa actividad, complementaria de su dieta, era realizada con arcos y flechas, anzuelos hechos de hueso o de concha de tortuga, y grandes redes de algodón que sumergían con pesas de piedra.

En la pesca marina usaron el pez guaicano o rémora (Eucheneis naucrotes), el cual sujetaban por una cuerda y soltaban de nuevo al mar para capturar otras presas de mayor tamaño a las cuales este pez se adhería fuertemente.

Los corrales, como sistema de pesca, hechos con hileras formadas por estacas de madera o caña y bejucos, fueron utilizados en algunas áreas por los taínos, principalmente en los mares tranquilos y poco profundos.

En los ríos también emplearon ciertas raíces (baiguá) que majaban en el agua para adormecer a los peces y, cerca de sus desembocaduras, apresaban al manatí (Manatus sp.) que les proporcionaba abundante carne y de cuyos huesos, especialmente las costillas, fabricaban amuletos, orejeras y utensilios ceremoniales, como las espátulas vómicas y los inhaladores de la cohoba.

En las playas capturaban a las tortugas cuando éstas venían a desovar y recolectaban algunos crustáceos y moluscos aprovechando sus conchas como materia prima para elaborar adornos e instrumentos utilitarios.

La vivienda

Los poblados taínos eran llamados yucayeques y sus unidades habitacionales fueron los bohíos y caneyes, fabricados de postes de madera que enterraban en el suelo y de cañas sujetadas por bejucos con techos de hojas de palma o paja, dejando en lo alto un respiradero recubierto por un caballete, para la salida del aire y del humo de las brasas que siempre mantenían dentro de las casas. Un solo bohío podía albergar a varias familias, ya que era frecuente entre los taínos que las hijas casadas vivieran en las casas de sus padres.

Los "bohíos", llamados también eracras, eran de forma circular y techos cónicos, mientras que el "caney", nombre dado a la casa de los caciques, era ocasionalmente rectangular y un tanto más espacioso, con techo de dos aguas y una marquesina frontal de recibo, estando situado frente al batey o plaza donde se congregaban los miembro de la tribu para celebrar muchas de sus actividades sociales y ceremoniales.

La casa de los caciques hacía ocasionalmente las veces de tempo cuando se guardaban en ella los ídolos o cemíes. En otros casos, la casa dedicada al culto de los cemíes podía encontrarse también en las afueras de las aldeas, celebrándose entonces dentro de ella las ceremonias religiosas.

Los taínos dormían en hamacas o camas colgantes, las cuales eran tejidas de algodón (Gossypium barbadense) o maguey (Agave spp.) y sujetadas en sus extremos por hicos o cuerdas de cabuya (Furcraea hexapetala) o de henequén (Agave sisalana).

Cuando emprendían algún viaje, los taínos transportaban sus hamacas y otras pertenencias en cestas, llamadas jabas. Las hamacas eran colgadas de los árboles o de los andamios de unas enramadas temporales, denominadas barbacoas, bajo las cuales se guarecían de los efectos del sol y de la lluvia.

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