Advocaciones marianas
en la República Dominicana

Nuestra Señora de la Altagracia

Virgen de la Altagracia

Extremeña, pero ¿de dónde?

Esta advocación tiene su origen en Extremadura, España, región de donde salieron muchos de los colonizadores de España. Pero no es posible especificar, por el momento, el lugar preciso de la primer imágen donada por los hermanos Alonso y Antonio deTrejo en Higüey.

En dos poblados extremeños se venera la Virgen de la Altagracia, cada uno con su propia tradición y ermita: 1) Garrovillas de Alconétar, provincia de Cáceres; y 2) Siruela, provincia Badajoz.

Las informaciones disponibles apuntan a que Siruela es el lugar más probable como origen de la advocación venerada en La Española.

Antes de la batalla de la Sabana Real de la Limonade en 1690, se celebraba la fiesta religiosa el 15 de agosto, tal como sigue siendo en Siruela (aunque sus fiestas patronales, dedicadas a la Virgen de la Altagracia, se celebran del 8 al 12 de septiembre). En Garrovillas de Alconétar, se celebra el 8 de septiembre.

La Virgen de la Altagracia en Siruela

Virgen de Altagracia

Cuenta la leyenda que un agricultor la encontró sobre las ramas de un árbol, lugar donde se edificó la ermita en su honor. Dicho árbol hubo de ser arrancado de raíz porque florecía rápidamente a pesar de ser cortado.

Otra de las leyendas explica el por qué de la orientación de la ermita de espaldas a la localidad de Siruela. Viene a decirse que los habitantes de un pueblo próximo consideraban que la imagen le pertenecía por encontrarse dentro de sus fronteras municipales y robaron a la imagen del niño Jesús que llevaba entre las manos. A pesar de fabricar otra imagen de la Virgen, se giraba hacia el pueblo de donde vinieron los ladrones y por ello hubieron de construir la ermita de tal manera que su altar mayor estuviera de espaldas al pueblo de Siruela.


La Virgen de la Altagracia en Garrovillas de Alconétar

Virgen de la Altagracia en Garrovillas

Narra la tradición del medievo, época visigoda, que una humilde pastorcilla apacentaba sus ganados en la dehesa de Villoluengo (Garrovillas), cuando vio sobre una peña una esbelta figura de mujer, cubierta de negro manto y aureola brillante en su hermosa testa coronada, deslizando entre sus divinos dedos las cuentas de un magnífico rosario.

La imagen, sólo visible para la niña, jamás pudo ser observada por sus padres; pero ante las reiteradas manifestaciones de aquella, excavaron bajo la peña, encontrando la imagen que hoy se venera con el título de Nuestra Señora de la Alta Gracia. Bajo el pedestal de la Virgen se encuentra una piedra de granito que, al decir de las gentes, perteneció a la peña donde fue hallada la imagen.

Otra variante de esta leyenda cuenta que la aparición a la pastorcita fue una imagen pequeñita que la niña se llevaba en su zurrón a la cabaña y que desaparecía todas las veces que se la llevaba, apareciendo de nuevo en la misma peña. Levantada ésta, vieron una imagen de Nuestra Señora, que es la que actualmente se venera como Nuestra Señora de la Altagracia.

MARCOS DE SANDE, Moisés. Del folklore Garrovillano: usos y costumbres. En "Rev. de Estudios Extremeños", t. I, 1945.

Segunda parte Advocaciones marianas

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