Las ciudades dominicanas y sus advocaciones

El término advocación (proveniente del latín advocatio, acción de llamar protector o abogado) tiene dos acepciones:

  1. Cada uno de los nombres con que se da culto a la Virgen. Esta es la acepción más usual en la República Dominicana (Ver Advocaciones Marianas).

  2. Nombre del santo bajo cuya protección se encuentra un lugar religioso y, por extensión, a la región donde se encuentra dicho lugar.

Desde la colonización española de la isla, existe la costumbre de poner a los pueblos bajo la protección de un santo (advocación), que es llamado el patrón (o patrona) del pueblo.

Durante la época colonial, los pueblos fundados incluían la advocación en su nombre, excepto en algunas excepciones limitadas (Azua de Compostela, la Mejorada Villa de Cotuí, Hato Mayor del Rey). Así tenemos, por ejemplo, San Fernando de Montecristi, San Felipe de Puerto Plata, Santa Cruz del Seibo. Ya en fundaciones más recientes, en el nombre de la ciudad no aparece la advocación como en Pedernales, Licey, Luperón, Hostos, etc.

Por lo regular, en pocos casos se menciona la advocación. Se dice, sencillamente, Samaná y no Santa Bárbara de Samaná. En el caso de La Concepción de La Vega, durante la colonia se le llamaba La Concepción pero ya en la actualidad solamente se dice La Vega, omitiendo la advocación.

En honor a las advocaciones, y como parte de nuestra herencia española, se celebran las "fiestas patronales" las cuales duran varios días, finalizando en la fecha que le corresponde a la advocación según el santoral. Estas fiestas fueron, en sus orígenes y por muchos años, fundamentalmente religiosas pero con el paso del tiempo se han hecho cada vez más del tipo social con bailes, presentaciones artísticas y otras actividades no religiosas.

Presentamos unas listas ordenadas de algunas de las advocaciones de ciudades y comunidades dominicanas.

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