Movimientos mesiánicos en la República Dominicana

Un movimiento mesiánico es todo aquel en que un número mayor o menor de
personas, en estado de gran exhaltación emotiva, provocada por las tensiones
sociales, se reunen en culto a un individuo considerado portador de poderes
sobrenaturales, y se mantienen reunidos en una misma esperanza de que serán
salvos de una catástrofe universal y/o ingresarán en esta vida en un mundo
paradisíaco..."
Mauricio Vinhas de Queiroz

El Olivorismo (Liborismo)

Durante más de una década, ocurrió en San Juan de la Maguana un movimiento campesino de carácter religioso y social. Este movimiento - olivorismo (o, comúnmente, liborismo) - tuvo como fundador y dirigente máximo a un campesino analfabeto: Olivorio Mateo (corrientemente llamado Liborio y, a veces, Papá Liborio).

Olivorio Mateo era natural de La Maguana Arriba, una sección que se encuentra unos cuantos kilómetros al norte de la ciudad de San Juan. Según Garrido Puello, era de baja estatura, mulato oscuro, pelo crespo, frente amplia y con barba larga y descuidada. Tuvo trece hijos con tres mujeres con las que vivía en concubinato. Aunque poseía una pequeña porción de terrenos, ésta no era suficiente para sostener su familia por lo que se dedicó a la construcción de empalizadas. Le gustaba la bebida y era rudo y grosero en el habla.

Solía desaparecer misteriosamente de la sección por varios días e, incluso, semanas sin que jamás nadie lograra arrancarle el motivo de sus ausencias. Olivorio era tenido por loco y alucinado entre sus familiares a causa de su extraño comportamiento.

Durante un tiempo trabajó como peón a las órdenes de un tal Juan Samuel (o Juan Manuel), cocolo natural de la isla de Guadalupe, brujo y curandero de cierto renombre en los campos de San Juan, donde, acompañado de un harén, se dedicaba a practicar sus artes mágicas impunemente. (Nota: Lusitania Martínez dice que era martiniqueño mientras que Víctor Garrido dice que era santomero - de Saint Thomas, Islas Vírgenes).

Inicios del olivorismo

El olivorismo (o liborismo) se inicia en el verano de 1908 luego de que un huracán, que afectó todo el sur de la isla, azotara fuertemente la zona de San Juan de la Maguana durante tres interminables días. La violencia de la tempestad fue de tal magnitud que sembró el pánico y el terror entre la gente, la cual, precariamente protegida por las paredes de sus humildes viviendas, contemplaba atónita los embates de la naturaleza.

Para ese momento, Olivorio había desaparecido del lugar. Al principio, nadie se preocupó ya que acostumbraba a ausentarse por muchos días sin dejar rastros. Después de un tiempo, la familia lo consideró víctima de la tormenta, por lo que realizaron su "novenario" (nueve días de rezo por parte de los familiares y amigos en la casa del difunto).

Pero el último día, Olivorio se presentó sorpresivamente, con un cordón anudado en la frente, diciendo: "Vengo de muy lejos", agregando que un ángel montado en un magnífico caballo blanco (Víctor Garrido dice que el caballo era amarillo como el oro) lo había transportado al cielo durante el temporal y allí, Dios, tras ungirlo con su sello divino, le había encomendado volver a la tierra, predicar su mensaje y curar a los enfermos. "Yo no estoy loco. Vengo enviado por Dios a una misión que durará 33 años. Todo el que crea en mí se salvará", aclaró Olivorio.

La historia narrada por Olivorio se propagó rápidamente por toda la comarca. Garrido Puello dice: "En poco tiempo La Maguana [Arriba], como si fuera un santuario, se transformó en lugar de peregrinaje y asentamiento de gran cantidad de personas atraídas por la buena nueva. Había nacido la Meca dominicana".

La conversión de Olivorio Mateo en un "Dios" fue responsabilidad de Juan Samuel, quien logra que Olivorio trabaje para él como peón. De él aprendería las técnicas tradicionales de curación de tipo mágico-médico. Sostiene Garrido Puello, que Juan Samuel asistió "quizás como Padre Espiritual, al nacimiento del Olivorismo. Le dio aliento y ayudó en la organización de sus prácticas, pero cuando Olivorio se vio en las manos de la justicia, se esfumó como sombra pasajera, dejando un vago rumor como recuerdo"

Creación de la "ciudad santa"

El primer santuario o "ciudad santa" creado por Olivorio tuvo lugar en la misma sección de donde era nativo: La Maguana Arriba. Poco después se trasladó con sus adeptos a El Palmar, un paraje situado en las estribaciones de la Cordillera Central, alejados de las autoridades.

Los adeptos olivoristas formaban una Hermandad organizada según una corte con jerarquías perfectamente ordenadas. Olivorio ocupaba la posición cimera en su calidad de Ungido, e inmediatamente lo seguían discípulos o apóstoles que lo ayudaban en la dirección y desenvolvimiento de la "ciudad santa". Estos recibían nombres de santos o, simplemente, un número que hacía referencia al puesto que su dueño desempeñaba en la Hermandad. La plana mayor de la jerarquía olivorista la integraban preferentemente malhechores, prófugos de la justicia y meretrices. Todos ellos, como se advierte, dedicados a una vida de trampas, robo, prostitución, etc. Finalmente, tras el "mesías" y sus apóstoles se agrupaba la masa de fieles, de la cual una parte tenía asiento fijo en la "ciudad santa" y otra era sólo transeúnte.

Aunque muchos creyentes le llamaba Dios Liborio, los miembros de la Hermandad generalmente le llamaban simplemente Maestro.

La "religión" olivorista

Garrido Puello cuenta que los enfermos que se presentaban ante Olivorio a procurar remedio para sus achaques lo hiciesen provistos de un cordón de varias piedras en equilibrio sobre la cabeza, las cuales, una vez consagradas por el Ungido, debían ser depositadas en un calvario próximo a la "ciudad santa".

Cumplido este requisito, Olivorio procedía entonces a manipular sus pacientes valiéndose de diversas técnicas y materiales mágico-médicos: bebedizos (orina, yerbas), fetiches (pañuelos, piedras), golpes sobre el cuerpo del enfermo, exorcismos, imposición de manos, etc. Con la mirada penetrante, dando vueltas alrededor del enfermo, Olivorio trazaba signos cabalísticos en el suelo, pronunciaba frases enigmáticas y concluía con ciertas fórmulas invocatorias: salga el mal y entre el bien; carajo, ven a tu Dios... Algunos sometidos a esas curaciones morían y entonces decía éste ya está curado.

La Hermandad olivorista realizaba diariamente ceremonias y ritos religiosos. Olivorio solía levantarse a la siete de la mañana y un grupo de discípulos lo esperaba fuera de la casa, iniciándose la jornada con recitaciones y letanías alternadas entre un solista y el coro de adeptos:

Viva Santo Olivorio con toda su jerarquía. Ave María que ya amaneció - decía el solista.
    Que viva - respondía el coro.
Olivorio fue al cielo en compañía de Dios a buscar remedio para nosotros todos.
    Amén.
Justo y bendito dijo Dios para el hombre fiel.
    Justo.

A continuación se formaba un círculo o "conrueda" y, de rodillas, se besaba el suelo. Olivorio dirigía el rito.

Los lunes, recibía regalo de sus admiradores, ropas, zapatos y dinero. Todo se repartía entre los fieles. Todo se hacia en base a un criterio comunitario.

Sábados y domingos eran días de fiesta para la comunidad. Ataviada con sus vestimentas o uniformes típicos - vistosos pañuelos, escapularios y cordones al cuello o en la frente con doce nudos, tantos como meses tiene el año -, al son acompasado de la música y empujada por abundante libaciones, se entregaba a una frenética danza de evidente impronta orgiástica durante la cual varios de los participantes caían en trance. Al grito de manto arriba y cayuco en mano, Olivorio invitaba al nudismo y al amor libre (Lusitania Martínez dice manta arriba y canoa en la mano).

El olivorismo constituyó una "religión" de salvación y curación caracterizada por un sincretismo cristiano-pagano. Del cristianismo tomó los temas de la salvación por intermedio de un emisario divino, el culto a los santos, la lectura de los evangelios, la oración, la cruz, el escapulario, etc. Como complejo ritual de curación, usó las tradicionales técnicas mágico-médicas propias del paganismo. Por lo demás, el olivorismo nació y se movió dentro de la religión católica, si bien se trata de un catolicismo popular cuyos rasgos peculiares estaban constituidos por la falta de sacerdotes que ejerciesen su magisterio con asiduidad, la difusión de prácticas arraigadas impregnadas de paganismo, y la presencia de "agentes de culto" mágico-religioso (curanderos, brujos, ensalmadores, santones).

Relaciones con la sociedad

El movimiento olivorista mantuvo durante un tiempo relaciones pacíficas y de convivencia con la sociedad general. Las autoridades y grupos influyentes de la región le restaron importancia, viendo en él tan sólo un motivo de curiosidad y chanza. Muchos de los que no creían en Olivorio y sus doctrinas se acercaban a El Palmar atraídos por la posibilidad de participar gratuitamente en los placeres que el paraje ofrecía. Olivorio, por su parte, procuró mantener siempre a su comunidad dentro de la ley, castigando a los adeptos que, sin su conocimiento y obrando por cuenta propia, cometían algún delito.

La primera fricción con la autoridad constituida ocurrió a principios de 1910, cuando el jefe comunal de San Juan, el general Juan de Dios Ramírez, ordenó el apresamiento de Olivorio. Un pelotón de la Policía Gubernativa ejecutó la orden, pero Olivorio se fugó en el camino hacia la ciudad y esta huida contribuyó a que se propagara la idea de que él tenía poderes divinos.

Sin embargo, un hermano del general Ramírez lo capturó de nuevo, llevándolo a la cárcel de Azua, cabecera de la provincia. Más tarde, por intermedio de su abogado, Olivorio fue absuelto. La absolución acrecentó el poder carismático de Olivorio, a cuyo regreso más de mil personas a caballo le tributaron un entusiasta recibimiento. La "ciudad santa" vivió a partir de ese momento días de febril actividad, pues la afluencia de devotos era cada vez mayor. Temiendo por su seguridad, Olivorio trasladó la sede de su movimiento al paraje El Naranjo, de la sección La Jagua, dentro de las estribaciones de la Cordillera Central, en las proximidades de la actual Presa de Sabaneta. Según Garrido Puello, sus adeptos se habían organizado ya militarmente.

El gobierno de Ramón Cáceres ordenó, en 1911, que se acabara el movimiento y se apresara a Olivorio, teniendo éste que trasladarse a El Cerrito de San Juan, un lugar abrupto de la Cordillera, donde fue atacado por la Guardia Republicana el 21 de enero de 1911. Durante el combate, Olivorio animaba a su gente con vivas a la providencia, pero, derrotado, pudo huir y burlar a las tropas que, en represalia, quemaron ranchos y barracas. "La persecución acalló un momento, pero no destruyó, la esencia del olivorismo - dice Garrido Puello. La caída del Gobierno de Cáceres y los desórdenes internos que esta caída produjo hizo renacer el olivorismo, con más fuerza y empuje".

Olivorio volvió a El Naranjo y la Hermandad se reorganizó vigorosamente. El gobierno de Eladio Victoria no sólo lo toleró, sino que solicitó su ayuda para defenderse cuando el Sur se levantó contra él. Olivorio acudió con su gente a San Juan de la Maguana, pero cuando la ciudad fue atacada por los rebeldes, se retiró sin pelear. También los jefes de la revolución sureña contemporizaron con el olivorismo, lo mismo que el gobierno de Bordas y los que lo sucedieron hasta la ocupación militar norteamericana.

El intermedio entre Cáceres y dicha ocupación constituyó la época de mayor apogeo del movimiento olivorista. Halagado por todos, sin temor a una nueva persecución, Olivorio se convirtió virtualmente en la máxima autoridad de la comarca. En ese tiempo contaba con unos mil hombres armados. Los movimientos de sus adeptos se hicieron sospechosos y la población de San Juan, alarmada por las correrías y la ejecución de varios actos vandálicos, trató, a través de una comisión de notables, de convencer a Olivorio para que acatase la autoridad legítima.

En verdad, el hostigamiento del olivorismo, entre 1909 y 1916, no sólo fue ligero, sino también esporádico. Fue con la intervención militar de Estados Unidos cuando se produjo la persecución sistemática contra Olivorio Mateo, ante la negativa de éste a acatar el desarme general. En los cinco años siguientes a la llegada de los "marines" a San Juan, en enero de 1917, se desplegaron siete expediciones de cientos de efectivos norteamericanos y dominicanos, todas infructuosas. El primer choque ocurrió en Cercadillo el sábado santo de 1917. La recia lucha duró todo el día, y en ella los asaltantes tuvieron un muerto y varios heridos. Los olivoristas también sufrieron bajas, pero lograron replegarse al corazón de la Cordillera Central, donde el movimiento prosiguió sus actividades.

Los repetidos hostigamientos de los jefes militares de San Juan mantuvieron a Olivorio en permanente peregrinaje por las serranías del lugar durante cinco años. El 19 de mayo de 1922, la Policía Nacional Dominicana estableció contacto nuevamente con los acosados en La Loma de la Cotorra. En la refriega perecieron Benjamín García, uno de los principales cabecillas olivoristas, varios hombres y 23 mujeres, incluyendo a Matilde Contreras (la "Número Uno"), quien, al decir de Garrido Puello, era la mujer oficial de Olivorio.

Olivorio pudo escapar una vez más, pero su suerte estaba echada. El último combate tuvo lugar en Hoya del Infierno, cerca de Bánica, el 27 de junio de 1922. Olivorio murió en la escaramuza y su cuerpo, envuelto en yaguas y colocado en parihuelas, fue trasladado en procesión a San Juan, en cuyo parque quedó expuesto.

Sería cuestión de escaso tiempo para que uno de los contados sobrevivientes del círculo de íntimos, José Popa, reclamara la sucesión de Olivorio por recibir el espíritu de este en su cuerpo. Popa se expresaba exactamente igual que el maestro, tomó su nombre y portaba sus objetos personales, entre los cuales sobresalía el espadín, reliquia de inestimable valor sagrado. Durante casi ocho años, cupo a Popa servir de medio de cohesión del culto, al propiciar incesantes peregrinaciones a los sitios que había frecuentado el maestro y repetir minuciosamente sus hazañas. Después de Popa, otros tres olivoristas han sido identificados con los mismos atributos de haber recibido la encarnación del Maestro. Se aceptaba comúnmente que todo aquel que asumiera la condición de Olivorio sería inexorablemente asesinado, como en efecto sucedía. No obstante, el liborismo se mantuvo con toda su vigencia, sobre la base del retorno inevitable del Maestro.

El régimen de Trujillo, responsable de los asesinatos del "segundo Liborio" y de los restantes, prefirió eludir el ataque frontal en pos de la erradicación de la creencia, consciente de su imposibilidad, limitándose a eliminar a las reencarnaciones del mesías, piezas imprescindibles para la convocatoria de las multitudes. A fines de la prolongada dictadura, el liborismo empezó de nuevo a asomar visiblemente. La primera manifestación la personificó Ramón Mora, en La Jagua, quien, gracias a sus facultades curativas, convocó multitudes. Todavía la dictadura pudo disolver la movilización sin acudir al derramamiento de sangre. Fue ya muerto Trujillo cuando esta corriente se plasmó en el hecho sin precedentes, desde el punto de vista masivo, dirigido por los llamados "Mellizos" de Palma Sola, Plinio y León Ventura. La represión en Palma Sola, donde fueron asesinados centenares de fieles, propinó un golpe irreparable al olivorismo, visto como movilización a gran escala. En lo adelante, el culto se ha mantenido en el recuerdo íntimo y más bien aislado entre la generalidad de la población rural de la región a través de la práctica de curanderos y devotos que se reclaman receptores de misiones ordenadas por Liborio.

Dicen que Liborio e'tá muerto
Liborio no e'tá muerto ná'
Lo que pasa e' que Liborio
Nunca comió pendejá'

Referencias

  1. Deive, Carlos E.. El Olivorismo: Estudio de un Movimiento Mesiánico. Boletín del Museo del Hombre Dominicano, No. 3, 1973, pp. 235-259.
  2. Garrido, Víctor. En Lengua y Folklore de Santo Domingo (Editor: Emilio Rodríguez Demorizi). Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago, República Dominicana. 1975. Pp. 232-233.
  3. Garrido Puello, E.O. Olivorio: un ensayo histórico. Librería Dominicana, Santo Domingo (R.D.). 1963.
  4. Martínez, Lusitania. Un estudio preliminar acerca del movimiento de Palma Sola, como movimiento mesiánico y social campesino. Revista Dominicana de Antropología e Historia, UASD. Año X, Vol. X, Nos. 19-20. 1980.