Educación Ambiental

La Población
2da. Parte

Autor: Carmen González Muñoz

Población y recursos

La preocupación por los efectos de la población sobre el medio ambiente y la disponibilidad de recursos crece si tenemos en cuenta que la explosión demográfica coexiste con un modelo socioeconómico que propicia otra explosión no menos importante, la del consumo, masivo ya en las sociedades industrializadas, y que favorece situaciones de grave desigualdad, en la que el 20% rico de la población mundial se reparte el 80% de los recursos.

Ambas cuestiones, explosión demográfica y explosión del consumo no pueden, pues, considerarse por separado ni aislarse de los modelos de desarrollo que se planteen; por ello, es necesario afrontar la cuestión desde ambos aspectos, población y recursos, y buscar modelos de desarrollo más justos.

Hacia un nuevo modelo de
desarrollo sostenible

Hacer frente a los problemas hasta aquí descritos requiere un análisis y unas soluciones que van bastante más allá de lo meramente demográfico. No cabe cargar toda la "culpa" sobre el crecimiento poblacional, si bien éste deba ser controlado, sino que hay que revisar el modelo productivista y consumista en que vivimos. La población está influída por factores sociales, culturales, económicos, etc. y, a su vez, los influye; es al tiempo, causa y efecto; las interrelaciones son continuas. Existe hoy un amplio consenso en considerar que la pobreza persistente y generalizada y las graves desigualdades sociales y económicas entre países ricos y pobres, entre mujeres y hombres, tienen una gran influencia en el comportamiento demográfico y en que, a su vez, éste repercute de modo importante en el estado del medio ambiente y, en fin, en el ritmo y la calidad del desarrollo económico y social.

La riqueza despilfarradora de una pequeña parte de la población mundial frente a la pobreza extrema de una gran parte son elementos importantes del problema ambiental; la actitud depredadora presiona sobre los recursos del mundo occidental pero también sobre los países en vías de desarrollo, convertidos en áreas de suministro de materias primas, en fuente de mano de obra y en vertedero de residuos tóxicos, al tiempo que, en estos, la pobreza contribuye a un crecimiento demográfico explosivo y a una gran presión sobre los recursos. Debe así atenderse a las causas profundas de estos fenómenos, en cuya base se encuentra un modelo económico, el de la sociedad de consumo propio de los países industrializados, cuya generalización produciría su propio colapso. Si todos los países se comportaran como países desarrollados, con sus altos consumos y producción de desechos, seguramente ninguno podría seguir siéndolo; la capacidad de carga de la tierra no lo resistiría. Habrá que repartir mejor para crecer juntos.

Es necesario, por tanto, caminar hacia un nuevo modelo de desarrollo que vaya más allá del simple crecimiento económico y que aproxime, y no distancie, al mundo desarrollado y a los países en vías de desarrollo; un desarrollo que no sobrepase las posibilidades de renovación de los recursos y que sea solidario con las generaciones presentes y con las futuras. Se trata de un desarrollo que se ha dado en llamar "Desarrollo Sostenible".

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Pero, ¿cómo alcanzar ese modelo?
¿Qué se está haciendo?

La transición hacia un sistema sostenible ha sido analizada en algunos estudios (Meadows, Meadows & Randers, 1992), combinando la situación de la población y de los recursos con las demandas económicas, la tecnología y otros factores en el horizonte del año 2000 y del 2100; en ellos se comprueba que existen relaciones recíprocas inevitables entre la cantidad de personas que la tierra puede soportar y el nivel de vida material a que pueden aspirar; y las cifras varían en función de la modificación de los distintos elementos que intervienen, todos los cuales deben, pues, ser atendidos.

La necesidad de políticas adecuadas de regulación demográfica, se ha puesto de manifiesto desde hace tiempo en las Conferencias mundiales de población convocadas por la ONU. En ellas (Roma 1954, Belgrado 1965, y sobre todo Bucarest 1974, México 1984, El Cairo 1994) se han dado posiciones enfrentadas, pero, en la actualidad, se aceptan políticas de planificación, ya aplicadas en distintos países, aunque relacionadas con otras actuaciones. En El Cairo se consiguió un acuerdo internacional entre 180 países para universalizar estas políticas antes del año 2015, a fin de estabilizar la población mundial en 8000 millones de personas (2025), lo que depende en gran medida de la aplicación de políticas de salud e información reproductiva y del acceso de la mujer a la educación.

La erradicación de la pobreza extrema es también una de las prioridades del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), considerándose factible en los dos primeros decenios del s. XXI. El "Informe sobre el Desarrollo Humano 1997", señala algunas de las acciones necesarias.

Pero en el transfondo de todo ello está siempre el orden económico internacional y la necesidad de cambiar algunas reglas de juego injustas, como el reparto de la riqueza y otras que acentúan los desequilibrios Norte-Sur y mantienen en situación de pobreza a millones de personas. Por eso las Propuestas de Acción de recientes conferencias internacionales plantean todas estas cuestiones de forma interrelacionada, así el Programa 21 de la Cumbre de Río de Janeiro (1992) o los 15 Principios en que se despliega el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994), que considera a la persona el elemento central del desarrollo sostenible.

Muchos países han modificado sus políticas para incorporar este enfoque, enfatizando las cuestiones de salud y derechos sexuales, de reproducción y de género. La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) acentuó aún más este proceso. El reciente informe sobre el "Estado de la Población Mundial" de la ONU (FNUAP, 1997) analiza las luces y las sombras de este programa.

Todos los países deben reconocer sus responsabilidades en este sentido, pero a los desarrollados incumbe un especial esfuerzo por promover el desarrollo y reducir los desequilibrios mundiales.

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Bibliografía

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