Exploraciones

De Puerto Plata al Pico del Valle Nuevo

Viaje del Barón H. Eggers, por el Interior de
Santo Domingo en el Año 1887

Cuarta Parte

Diferente cosa es lo que concierne a una loma, la más elevada del país, la cual hasta hoy estaba inexplorada, y por la que solo transitaban algunos monteros cuando iban a cazar puercos cimarrones. Esa loma, muy parada, de bosques de pinos, de suelo casi todo arenoso y árido, apenas llama la atención de aquellos escasos habitantes, poco laboriosos y acostumbrados a una temperatura más templada, y a quienes únicamente los puede decidir a visitar tan desierta altura, la esperanza de encontrar oro, que no existe allí sino en pequeña cantidad. [9]

Durante las últimas guerras con España en el 1863, los habitantes descubrieron varias sabanas en los altos, por el sureste de Constanza, las que forman una cuenca en la cumbre de la loma, y a las que dieron el nombre de El Valle Nuevo, y allí apastaron sus animales.

Aunque El Valle Nuevo no está habitado, se ha formado poco a poco en aquella dirección una vereda por donde los dueños de los animales pueden subir a vigilarlos; y por esa vereda resolví yo visitar el valle, para de allí subir a los altos culminantes de aquellas serranías.

El 29 de mayo salimos de Constanza cinco personas, con un caballo de carga. Vadeamos el arroyo de Constanza y anduvimos por el bosque ya indicado, en la parte sur del valle; luego subimos una altura con monte de pinos, para después bajar a un valle estrecho. Por allí, a 1270 M., sobre el nivel del mar, corre el Río Grande de Constanza, arroyo fresco, cuyo lecho está cubierto de piedras y que va a desaguar en el Río del Medio, tributario del Yaque chico del sur.

Después de haber cruzado a pié aquel río, se pasa un arroyo y afluente suyo, el arroyo del Pinal Grande, y luego se sube una loma muy pendiente, para ascender gradualmente por un monte de pinos, y se ladea por el este una barranca terrible y profunda, corriendo por su base el arroyo expresado. La loma empieza a tomar un aspecto demasiado salvaje. Las pendientes del lado opuesto a aquel precipicio, son casi verticales; los picos de las lomas muy agudos e inaccesibles; en frente de nosotros, al sur, se levantaban tres picos muy enhiestos y abruptos cubiertos de pinales.

Habiendo alcanzado una altitud de 1500 M., se baja por un pequeño monte a una hondonada húmeda, para entrar bien pronto de nuevo en un monte seco de pinos, cuyo terreno colorado, mezclado de cascajo, se ve cubierto de Pteris aquilina, de 4 a 6 pies de altura. Este lugar se llama, El Helechar. [10] [h]

A una altura de 1770 M. se entra otra vez en un monte muy espeso y húmedo, en cuyos árboles se ven musgos, peperomias, helechos, orquídeas, licopodios y otros epifitos (Parásitos). [11] Por aquel monte el camino es casi impracticable, aún a pie, porque el terreno es blando y está lleno de raíces de árboles caídos y de ramas tendidas, lo cual, todo entretejido, casi hace imposible la marcha. El machete tenía que funcionar sin descanso; y solo después de varias horas de trabajo, pudimos al fin llegar al término de aquel monte, en una altitud de 1970 M., para entonces entrar de nuevo en un bosque seco de pinos.

Además de los Pteris consabidos, se encontraban en los montes de pinos de aquella altura, varias plantas, entre otras una Cyathea, una Fuchsia hermosa de flores grandes, (Fuchsia Pringshemii), especie nueva, un Siphocampylos de flores purpúreas, una Andromeda pequeña medio rastrera.

Poco después de medio día, principió a retumbar el trueno y los nubarrones a acumularse sobre nosotros. Descansamos un momento, y seguimos nuestro camino, subiendo por el monte de pinos. Por donde quiera se veían tendidos por centenares troncos enormes, algunos caídos de vejez, otros tumbados por el rayo. Uno de ellos parecía haber sido herido hacía pocos días: su mitad estaba todavía parada, la otra desecha en astillas regadas por el suelo.

Luego que hubimos trepado la pendiente casi vertical de la barranca, llegamos por fin a una altitud de 2230 M., en donde se encuentra la primera sabana; y a poco de haber pasado una pequeña hoya, llegamos al Valle Nuevo (2270 M.), cuando comenzó a llover.

Con grande satisfacción encontramos allí un rancho de troncos de pino, construido por los amos de los animales, que nos sirvió de excelente refugio. Bien pronto hicimos una verdadera candelada de cuaba, y se preparó comida con los víveres que habíamos llevado.

La lluvia pasó pronto, de modo que la última parte de la tarde la pude emplear en recoger activamente las plantas de aquel lugar.

El Valle Nuevo es un llano ondulado de bastante extensión, situado en la cumbre de una loma ancha y dominado por alturas secundarias que forman el punto culminante de aquella sierra, de las cuales algunas aparecen truncadas, en particular el Pico del Valle Nuevo.

El llano está casi completamente cubierto de yerbas, dispuestas en pajones fuertes y cerrados, formándole una gruesa alfombra a aquel suelo. Este presenta pedregales de cascajo grueso y fino, y en ciertas partes peñascos grandes. Aquí y allá se encuentran pequeños bosques formados de arbustos pertenecientes a las compositeas, a las ericáceas y de Garrya Fadyeni. Entre las peñas se ven helechos, una escrofulariácea amarilla, la Andrómeda medio rastrera ya citada y una multitud de plantas que recuerdan un clima más septentrional, tales como el Hieratium, la Alchemilla, el Galium, el Chimaphila, y además el Pteris triphylla, unas eriacauláceas, y cerca del arroyo, ranunculáceas y Carex. Pegado a los pocos pinos que se balancean en la sabana, se nota principalmente un Loranthus, de hojas pequeñas y de flores rosadas admirables.

La noche fue muy fresca, y a las 6 de la mañana el termómetro sólo indicaba 9° R; de modo que es probable que la temperatura, a fines de diciembre, baje a 0°, como me lo dieron a entender los pocos habitantes del lugar. Mi caballo, no acostumbrado a una temperatura tan baja, permaneció sin comer y temblando, cerca del rancho, la mayor parte de la noche.

De madrugada nos pusimos en camino para subir el Pico del Valle, al cual llegamos después de haber andado más de una hora. Cuanto mas se acerca uno a la cumbre, más a menudo se ven grandes peñascos formados de Breccie, y que cubren el suelo por donde quiera. Algunos son cuadrados y de tamaño enorme; otros piramidales, de 40 a 50 pies de alto. El conglomerado consiste en guijarros del tamaño del puño, que son pedazos redondos de varias clases de peñas, como granito, cuarzo, selenita, etcétera. [12]

Con algún trabajo logré subir encima de la última peña, y allí encontré la altitud máxima del Pico del Valle, o sea 2630 M. sobre el nivel del mar. La vista desde aquella altura es grandiosa. Por el sur se descubre a cierta distancia el monte Tina, (cuya altitud fue calculada por Schomburgk en 3140 M), y toda la costa de Azua. Hacia el oeste se destaca el valle grande de San Juan; por el noroeste, descuella la sierra enorme de la Cordillera Central, con los picos truncados El Cayetano, Loma Rucilla [13], y otros. Al norte se extiende la vista por las sierras menos elevadas de Constanza y Jarabacoa, parte de la Vega Real, y mas allá la sierra de Monte Cristo con el Pico del Norte y Diego de Ocampo. Por fin al noroeste y al este, una multitud de lomas, de las cuales algunas parecen tener la altura del Pico del Valle Nuevo, y una de ellas bastante próxima, la cumbre aislada del Banilejo.

Las lomas de la cordillera en el noroeste, en particular la Loma Rucilla, no parecen ser mucho más elevadas que el Pico del Valle Nuevo, de manera que en general encontré exactas las medidas de altitud dadas por Schomburgk y Gabb. Ellos estimas en 2930 M. (9500 pies ingleses) la elevación de Loma Rucilla, aunque éste no pudo llegar sino a cierta distancia de aquella altura. [14]

La vegetación de la cumbre consiste casi exclusivamente, además de yerbas, en raros arbustos de 3 a 4 pies de alto. Allí vi una Lyonia, de hojas coriáceas y de flores grandes, la Garrya Fadyeni, una compositea glutinosa, y de tiempo en tiempo algún pino, árbol que en este sitio es pequeño y solo alcanza de 12 a 16 pies. En las anfractuosidades de los peñascos crecen peperomias, adianthos, musgos y líquenes.

Después de algunas horas de descanso, volví al rancho de El Valle Nuevo, y de allí inmediatamente se cogió el mismo camino del día anterior, para bajar al valle de Constanza, donde llegué de tarde, hecho una sopa, pero muy satisfecho del resultado de la excursión.

En ella tuve la fortuna de subir a una altura que no había pisado aun ningún viajero en Santo Domingo; y especialmente de estudiar con el mejor éxito la flora de aquella encumbrada cordillera. Yo he descubierto, por decirlo así, un camino por el cual es posible proseguir nuevos estudios de aquella sierra enorme y casi desconocida; y para esas expediciones puede servir de punto de partida, no muy difícil de alcanzar, el mismo Valle Nuevo.

Octubre del 1887

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Exploraciones


Notas

[9] Antes de las investigaciones interesantísimas de Sir Robert Hermann Schomburgk, se creía comúnmente con el esclarecido Alejandro de Humboldt, y el ilustre Ramón de la Sagra, que el núcleo orográfico de las Antillas era el Pico Turquino, con 2560 metros, situado en la Sierra Maestra o Macaca, en la banda oriental de Cuba. El primero que en América, y en vista probablemente de la carta o de las apuntaciones de Schomburgk, hizo observaciones acerca de esta errada opinión, la que aún tiene albergue en enciclopedias y polianteas de autores europeos, fue el distinguido cubano Esteban Pichardo, en su Geografía de dicha isla, como se puede ver en la obra de la misma índole, de Don José María de la Torre, impresa en la Habana en el año 1860.

Ahora bien: al tenor de los datos de Schomburgk, loma Tina es el monte de mayor altura de Santo Domingo y del archipiélago colombino, lo que Gabb como que pone en duda cuando trata del alteroso Pico del Yaque.

Como se verá mas adelante, Eggers tiene por exactas, en general, las medidas de ambos. Así pues, a que loma, ¿la más elevada del país y hasta entonces inexplorada, se referirá el ilustrado viajero alemán? (A. T.).

[10] Helecho llamado rabo de caballo. (N. del Dr. A. Ll.)

Este ha sufrido una equivocación. La cola o rabo de caballo no corresponde a los helechos. Es el tipo de los equisetos, del latín equus, caballo, y seta, cerda o crin. La gigantesca criptógama de que habla el viajero Eggers, me parece que es el helecho hembra. (A. T.)

[11] Me resisto a creer que el término encerrado dentro del paréntesis, a guisa de explicación o aclaración, se halle en el original, porque las plantas epifitas, aunque medran generalmente en los árboles, no son verdaderos parásitos. (A. T.)

[12] Terreno primario eruptivo. (N. del Dr. A. Ll.).

[13] Juzgo oportuno llamar aquí la atención, aunque de paso, acerca de dos errores considerables que se advierten en los Elementos de geografía física, política e histórica de la República Dominicana, por el Padre Meriño. Citase en la página 65 a Loma Rucilla, nombre que también se le da al majestuoso y gigantesco Pico del Yaque, como si fuera una eminencia distinta de tan elevado monte, el cual se halla en la Hilera Central, y sin embargo se le considera en el consabido testo como una ramificación y estribación de la gran cordillera del Cibao. Tendida de oriente a occidente, no puede ser de ningún modo el Pico del Yaque un contrafuerte o espolón de ésta, puesto que de él descienden en direcciones diametralmente opuestas, dos caudalosos ríos, lo que demuestra desde luego que la mencionada montaña se encuentra en la línea divisora de las aguas que bañan la banda septentrional y la meridional de la isla. (A. T.)

[14] Tengo que rectificar aquí un error que se encuentra en la relación del trabajo de Gabb sobre la Topografía y Geología de Santo Domingo (Boletín de Petermann, t. XX, p. 359). El que cita ese trabajo, hace decir a Gabb que el Pico del Yaque tiene 4000 pies mas que la elevación que él mismo alcanzó (5500 pies), lo que da un resultado casi igual al cálculo de Schomburgk. En otro lugar agrega luego Gabb que los puntos más elevados de la Cordillera Central tienen poco mas o menos 9000 pies de altura. (Nota de Eggers).

[h] Tal como dice A.T., 'cola de caballo' se aplica a especies de Equisetum mientras que se llaman 'helechos' las pertenecientes a la familia Polypodiaceae. El binomio científico actual para Pteris aquilina es Pteridium aquilinum (L.) Kunth. (J.E.M.)