|
9 de abril de 2007
Adiós a los bosques en la isla La Española
"El haitiano piensa con el estomago". Con esta frase lapidaria, el perito forestal dominicano Francisco Rondón resume el drama de la deforestación en Haití. "Los campesinos haitianos talan los árboles para producir carbón", explica Rondón. "No tienen otro recurso para la cocina". Según cálculos de Naciones Unidas, esta tala de árboles ha reducido la cobertura boscosa en Haití en un 98% en los últimos cien años. Las montañas de este país, que ocupa la parte oeste de la isla de la Española, están ahora casi totalmente desnudas e infértiles. Las consecuencias de esta devastación se manifiestan día a día. Hace poco murieron por lo menos diez personas en inundaciones provocadas por lluvias intensas. En 2004, en la zona fronteriza con la República Dominicana, miles de personas murieron como resultado de inundaciones debidas en gran parte a la falta de bosques y a la erosión de los suelos en las laderas de las montañas. Ausencia de programas
Desafortunadamente, como resultado de la caótica situación política y social en Haití en los últimos años, el gobierno haitiano no ha podido impulsar un programa coordinado de reforestación. Los pocos esfuerzos que se realizan se deben sobre todo a iniciativas de organizaciones no gubernamentales y de agrupaciones religiosas. En las montañas de Furcy, a cuarenta kilómetros de la capital, Puerto Principe, por ejemplo, la iglesia católica dirige un vivero y un programa de replantación de árboles para los agricultores locales. Gérard Grandin, un cooperante francés que trabaja desde hace un año en el proyecto, señala que "nuestra tarea es convencer a los campesinos de que vale la pena plantar frutales y otros árboles que les servirán dentro de cinco a diez años". No obstante, agrega que "es muy difícil, porque ellos piensan solamente en sobrevivir. Los tenemos que convencer de que hay futuro para ellos.' Un poco mejor La situación en la República Dominicana, en la parte oriental de la isla, no es tan dramática, aunque se estima que ha perdido tres cuartas partes de sus bosques nativos. Francisco Rondón trabaja en un programa de reforestación en Sabana Clara, cerca de la frontera con Haití, en la cuenca del Río Artibonito, que nace en territorio dominicano para después cruzar al norte de Haití.
"Estamos tratando de evitar la erosión", explica Francisco Rondón, "y de extender los bosques aquí para recuperar lo que había antes. Además, estamos enseñando a la gente a plantar árboles para que los aprovechen, para que formen parte de sus planes de explotación de las tierras." "De ambos lados de la frontera, lo más importante en la lucha para preservar los bosques y mantener los recursos acuíferos es ofrecer este tipo de alternativas", dice Miguelina Bucareli, de la Secretaría del Medio Ambiente de la República Dominicana: Buscando alternativas "Hay que darles alternativas de supervivencia," dice Miguelina Bucareli. "Quizás sería factible, por ejemplo, establecer comunidades piloto, de unas veinticinco familias, y enseñarles a utilizar otros recursos- por ejemplo un estanque de peces, un huerto, y cambiar así su forma de vida". Asimismo, el experto dominicano en temas ambientales Manuel Serrano subraya que el tema de los bosques y los recursos acuíferos repercute de manera directa sobre la sociedad:
"Con árboles y con agua limpia, se preservan las comunidades rurales, y de esta manera se evita la migración hacia las ciudades, que es otra forma de presión sobre los recursos naturales". Sin embargo, Manuel Serrano se muestra muy cauteloso en cuanto a las posibilidades de revertir el daño ecológico en ambos países: "Las perspectivas no son muy halagueñas, pero hay que ser optimista, porque aquí vamos a quedarnos", señala Serrano.
Regresar al Índice de Notas
|